MÁS SOBRE EL PARQUE NACIONAL COPO.
Una de las regiones más diezmadas de nuestro país, es la del ecosistema del chaco árido. Poco queda en pie, de lo que originalmente fue este riquísimo bioma, con una diversidad de especies arbóreas longevas de preciosas madera y una abundante y rara fauna de grandes mamíferos, multitud de aves, reptiles o insectos, algunos de los cuales aún permanecen desconocidos. La región chaqueña comprende el chaco seco o árido y el chaco húmedo. El área protegida está contenida en la amplia ecorregión chaco seco, que se extiende por el oeste de Formosa y Chaco, practicamente todo Santiago del Estero, este de Salta, norte de Santa Fé y Córdoba, este de Tucumán, La Rioja y Catamarca y noreste de San Luis.
El área limitada al noreste de Santiago del Estero lindante con la provincia de Chaco, que conforma el parque nacional Copo, es apenas una muestra que sobrevivió al desmonte por estar demasiado distanciada del ferrocarril, instrumento del progreso en algunos casos y herramienta poderosa para la destrucción de los diversos ecosistemas en otros.
Buena parte de la llanura chaqueña está cruzada por paleocauces, como es el caso de Copo, en los cuales han prosperado los pastizales, constituyendo senderos entre el monte por donde los pioneros y los colonos penetraron el territorio. De hecho, la zona conocida tradicionalmente como “el impenetrable” no presenta un bosque más cerrado o espinoso que el resto, sino que es un área donde no hubo paleocauces y, por lo tanto, resultó inaccesible o “impenetrable” para los colonos. Por tanto, el Copo no forma parte del impenetrable. Originalmente también se encontraban parches de pastizales de distinto tipo en las zonas más bajas e inundables o donde el bosque había sido eliminado por el fuego. El fuego, que se manifiesta periódicamente, fue un factor que actuó como modelador del paisaje a nivel regional, actuando como moderador entre las especies leñosas y las herbáceas, poniendo un límite al bosque, que de otra manera se restablecería permanentemente. Estos pastizales son llamados pirógenos, y las gramíneas más importantes en ellos son el pasto crespo (Trichloris sp.), los sorguillos (Gouinia sp.) y la cola de zorro (Setaria argentina). Pero también el fuego es manipulado por el hombre para favorecer el rebrote del pasto del que se alimenta el ganado, para facilitar la caza y para eliminar áreas boscosas con fines agrícolas. Este manejo demasiado frecuente, cuando es practicado en forma inadecuada y se abusa de él, implica un efecto extremadamente negativo sobre el medio.
la provincia de Santiago del Estero, está asentada sobre el macizo de Brasilia. Al promediar la era terciaria sufrió los embates de la orogenia andina, que provocó fracturas a lo largo de líneas de falla que hicieron emerger algunos bloques y sumergieron a otros. Con estos movimientos, el macizo de Brasilia -cuyo proceso de formación culminó en una planicie- acentuó dichas características y convirtió al lugar en una gran depresión que propició la mayor de las ingresiones marinas de la Argentina. Luego, tras el retiro del mar, se produjo la deposición de los sedimentos continentales. Es muy probable que las enormes Salinas de Ambargasta sean un “residuo” del avance marino. La zona del Copo es resultado del relleno sedimentario de la gran fosa tectónica chaco-pampeana con loess proveniente de grandes procesos aluvionales y fluviales. Técnicamente, el área donde se sitúa el parque se conoce como Paleoderrames de los Ríos Salado-Juramento (FAO-PNUMA,1985), que es una amplia planicie formada por antiguos desplazamientos laterales de los mencionados ríos, lo cual generó dos tipos de unidades paisajísticas. En primer lugar las “Llanuras de Interfluvio”, es decir, porciones de terreno situadas entre dos corrientes de agua, antiguas en este caso, que presentan pocas variables topográficas y se caracterizan por estar cubiertas de vegetación boscosa. En el lugar, las especies dominantes de estos bosques son los quebrachos colorado (Schinopsis lorentzii) y blanco (Aspidosperma quebracho-blanco). La segunda unidad de paisaje se conoce como “Vías de Desagües Fósiles”. Son las depresiones de los antiguos cauces rellenadas con material arenoso casi hasta llegar a la cota de la llanura que las circunda. Estos “caños” -nombre que se les da en el lugar a estos cauces- están cubiertos de vegetación herbácea.
Esta subregión de los antiguos cauces del Juramento-Salado es una unidad sólo presente en la Argentina y abarca el norte de Santiago del Estero, sudeste de Salta y oeste de Chaco (Adámoli et al 1972), antiguamente llamado quiebrahachas (/Schinopsis balansae), pero también algarrobo, churqui, visco, molle, tabaquillo, chañar, quebracho blanco, mistol, itín, yuchán, brea, duraznillo y varias cactáceas, bosques xerófilos, y arbustos de altura.
La llanura chaqueña, es el resultado del relleno sedimentario de la gran fosa tectónica chaco-pampeana. Junto a los aportes eólicos de tipo loéssico, ocurren importantes procesos de origen aluvial y fluvial, vinculados al gran aporte sedimentario de materiales originados en el sector montañoso andino.La salinidad está casi siempre presente a alguna profundidad del suelo y a veces se manifiesta desde la superficie.
El tipo de vegetación característica es el bosque xerófilo, cuyos árboles se vuelven más bajos y ralos hacia el Chaco Árido, del suroeste de la ecorregión.
El Copo pertenece entonces al llamado chaco semiárido, cuyo paisaje estás formado por el bosque xerófilo y semicaducifolio, que antes de la intervención antrópica, tenía predominancia del quebracho colorado santiagueño (Schinopsis quebracho-colorado) , el quebracho colorado chaqueño (Schinopsis balansae) y el quebracho blanco (Aspidosperma
quebracho-blanco), que superaba los 20 metros, por lo cual es llamado el “bosque de los tres quebrachos”, una de las comunidades más particulares y amenazadas de la ecorregión.
La población del chaco semiárido está compuesta por campesinos y pueblos originarios cuya pobreza contrasta con las riquezas naturales que tuvo la zona, considerándose entre las de mayores índices de pobreza del país. La población rural está compuesta por gente de antiguo arraigo rural, muchos fueron puesteros de explotaciones forestales que actualmente desarrollan una economía de subsistencia en base a la cría de cabras, y/o la producción de miel, algodón o carbón de leña. Son poseedores veinteañales de la tierra, no propietarios y han sufrido presiones de empresarios agropecuarios para abandonar sus tierras, muchas veces en connivencia con el poder local o con seguridad privada. Esta situación compromete aún más a los distintos pueblos originarios de la región, como wichis, pilagás, tobas y chiriguanos, a quienes no se le reconocieron el derecho a desarrollarse con plenitud en sus territorios ancestrales, luego del despojo que significó la conquista.
Estos empresarios son productores medianos y grandes provenientes de provincias tradicionalmente agrícolas, como Santa Fe y Córdoba, que trabajan con modernas tecnologías, excluyendo a los pequeños productores. La situación no genera trabajo local ni deja ganancias en los pequeños poblados, lo que genera la migración de la población local a los cordones de pobreza de las grandes ciudades.
Lo cierto es que hoy, el parque nacional y la reserva natural Copo, son una suerte de isla, rodeada por mares de tierras arrasadas y de habitats destruídos. Las tierras del chaco seco, muchos miles de hectáreas, fueron devastadas por la tala del quebracho sin control primero y por la ganadería de pastoreo después, que impidió la reforestación. Para contrarrestar la falta de conexión entre las áreas protegidas de la región, se está llevando adelante un proyecto para la creación de corredores de conservación en todo el Chaco argentino. Estos corredores disminuyen el nivel de aislamiento actual de las áreas protegidas, aportando así a la conservación de la biodiversidad y a su vez, mejoran la calidad de vida de los habitantes de la región.
Se han identificado varios de los factores considerados como amenazas ambientales responsables de la transformación y rediseño de los paisajes del chaco semiárido. Los mencionamos a continuación: las labranzas, el desmonte, el fuego, las inundaciones, el sobrepastoreo, la exploración petrolera, las mangas de langosta y, muy particularmente, la mudanza o el traslado de los cauces.
El desarrollo económico entendido como un negocio para pocos, permitió que los territorios vírgenes del bosque chaqueño, santiagueño, formoseño, santafesino, fuesen devastados durante décadas por una industria extractiva, cuyo objeto nunca fue regenerar el bosque desmantelado, sino arrasarlo, y lo que quedó, fue talado y quemado, con el fin de asentar incipientes poblaciones y adaptar las tierras para la agricultura y la ganadería. La regeneración del bosque fue imposible, ya que los pequeños brotes de las preciosas especies arbóreas fueron confundidas con forraje por el ganado. Por estos motivos, fue necesario preservar las áreas menos asoladas por el hombre y por el pastoreo.
El mayor peligro que enfrenta el chaco semiárido hoy, es el avance de la frontera agrícola, con mayor intensidad aún en los límites occidental y oriental . El incremento de la producción de algodón sobre zonas tradicionalmente ganaderas, al oeste de la provincia de Chaco, así como las nuevas tecnologías como la siembra directa, un aumento relativo de las precipitaciones y los estímulos a la producción, ha producido un impacto negativo sobre el ecosistema del chaco semiárido. Todas estas variables, sin una regulación o un plan ambiental de manejo, significan una amenaza a la conservación de la biodiversidad, el desmonte de grandes extensiones de bosques con pérdida y fragmentación de hábitats y un impacto negativo sobre el paisaje. La zona conocida como “de los tres quebrachos” es una de las más afectadas, así como los bosques de transición del chaco con las yungas, en el este salteño. El alto valor que adquirieron las tierras y su alta fragmentación, hace prácticamente imposible que puedan constituirse superficies contínuas de conservación en un futuro. Por estas causas, la formación de un archipiélago de pequeñas unidades de conservación, adecuadamente protegidas y con conectividad entre ellas.
Uno de los corredores previstos une el parque nacional Copo con la reserva de biosfera Riacho Teuquito (81 000 ha), en la provincia de Formosa, incluyendo al parque natural provincial Fuerte Esperanza y al parque provincial Loro Hablador en la provincia del Chaco.
La actual escasez del quebracho colorado en su variantes chaqueño y santiagueño, es un signo del enorme maltrato ambiental que recibió la región. Ésta era la especie dominante del chaco austral, en un bosque denso en el cual convivía con el quebracho blanco, el algarrobo, el chañar, el jacarandá, el mistol y tantos otros que quedaron sepultados por enormes máquinas topadoras que arrasaron todo. La pérdida no sólo significan vidas vegetales y animales, también implica deforestación, erosión, alteración del régimen de lluvias, inundaciones, sequías y el tan temido cambio climático. Progresivamente, el paisaje cambia. Inescrupulosos "empresarios" forestales o agrícolas, amparados en la distancia y el desconocimiento de la mayoría de nosotros, desmantelan clandestinamente los bosques nativos para obtener madera comercial o para plantar más hectáreas de soja. Otros "emprendedores" , cazan sus presas cada vez más desconcertadas por la destrucción de su habitat, por su carne, sus pieles o simplemente, como trofeos deportivos. La percepción de esta realidad, motiva la creación de estos sitios protegidos que preservan lo más parecido al bosque original.
Afortunadamente, las nuevas generaciones son más conscientes del cuidado ambiental y de la preservación de la flora y la fauna. Copo es sin embargo, uno de los sitios preservados menos visitados por el público. La razón es un enigma, no es inaccesible por razones climáticas, si se visita entre marzo y noviembre. Hay bellísimos y abundantes ejemplares de pájaros para quienes disfruten el avistaje de aves, los grandes mamíferos que se amparan en el parque son extremadamente infrecuentes, muchos de ellos al borde de la extinción. Los añejos ejemplares de quebrachos que desde 1998, están incluidos entre las especies amenazadas de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se pueden contemplar aún en estos predios. Probablemente, la falta de cierta infraestructura turística, haya motivado la escasez de visitantes, y recordemos que el parque tiene estrechos senderos peatonales, y no vehiculares, lo cual puede ser un obstáculo para aquellos turistas con más difcultades para movilizarse. El parque nacional se creó en el año 2000, pero recién en 2020 dispuso de sanitarios, aunque el parque, en este año tan controvertido por la pandemia mundial, como todo espacio público, permaneció cerrado.
El Chaco Seco contiene una gran diversidad faunística, aunque muchos de sus componentes han sufrido una fuerte reducción en sus poblaciones, provocada por la intervención antrópica. Los principales factores con los que el hombre ha amenazado y amenaza a la conservación de la fauna de la
región son: la reducción y la fragmentación de hábitat, especialmente en las zonas aptas para la agricultura, y la caza, principalmente de algunos mamíferos mayores.
El Chaco Seco contiene una enorme diversidad de vida animal, aunque muchas especies han sufrido una fuerte reducción en sus poblaciones, provocada por la intervención antrópica. La reducción y fragmentación del hábitat; así como la presión por la caza indiscriminada de mamíferos, reptiles y aves; la introducción de especies exóticas; los frecuentes incendios; la competencia por los recursos que establece el pastoreo o la destrucción del monte, son algunas de las causas que amenazan a diario el bioma chaqueño.
Dijimos ya que varias de las especies que ampara el parque nacional están en peligro de extinción. Entre ellos el yaguareté overo, tigre americano o jaguar (Panthera onca) cuya situación en esta provincia fitogeográfica es la menos conocida de todas; el tatú carreta, tatú guazú, o armadillo gigante (Priodontes maximus) el armadillo más grande existente de 1,60 metros de cabeza a cola, perseguido por su carne y como curiosidad. Se caracteriza por sus hábitos crepusculares o nocturnos y por alejarse de los lugares habitados por el hombre. En la actualidad su población es muy baja. Con sus poderosas uñas cava profundas cuevas donde trata de refugiarse de los peligros que lo acechan.
El oso hormiguero gigante o yurumí (Myrmecophaga tridactyla), el loro hablador (Amazona estiva) diezmado por el mascotismo; el chancho o pecarí quimilero o taguá (Parachoerus wagneri) un raro pecarí endémico de la zona, identificado recién en 1974, conocido así por alimentarse del fruto y pencas del quimil (Opuntia quimilo), un cactus arborescente típico de esta región. Su estado de conservación es precario por su escaso tamaño poblacional y porque es preferido por los cazadores sobre los otros pecaríes. El tamandúa, caguaré u oso melero (un edentado, parecido al oso hormiguero pero más pequeño, que vive en los árboles y se alimenta de insectos y de miel); el pecarí labiado, jabalí o chancho del monte (Tayassu pecari); el pecarí de collar (Pecari tajacu); el anta, danta o tapir (Tapirus terrestris) y el guanaco (Lama guanicoe) ya casi extinguido en la región . Actualmente sólo cuenta con relictos poblacionales en la periferia de la región (Salinas Grandes y Sierra de las Quijadas), pero en el pasado contaba con una distribución amplia dentro del chaco seco. La enorme retracción que ha sufrido se debe, principalmente, a la presión de caza que recibió por parte de los pobladores focalizada sobre sus crías o chulengos para consumo y a la reducción de las superficies abiertas de pastizal, que eran su hábitat más propicio. Situación similar afectó a la raza norteña del venado de las pampas (Ozotoceros bezoarticus leucogaster), que actualmente no sólo ha desaparecido en la región sino que se encuentra en inminente riesgo de extinción en el país.
La corzuela colorada (Mazama americana), la corzuela parda(Mazana gouazoubira); el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), el zorro más grande de América; el zorro de monte (Cerdocyon thous), el zorro pampa (Lycalopex gymnocercus), el yaguarundí, gato moro o gato eyrá (Herpailurus yaguoarondi); el gato montés sudamericano o gato de Geoffroy (Leopardus geoffroyi); el gato onza u ocelote (Leopardus pardalis); el puma o león americano (Puma concolor); el zorrino común (Conepatus chinga); el hurón menor (Galictis cuja). Entre otros reptiles, en el parque habita la lampalagua o boa de las vizcacheras (Boa constrictor); la lagartija cola roja (Vanzosaura rubricauda) en estado vulnerable; el falso camaleón (Polychrus acutirostris); el lagarto común ciego o viborita ciega (Amphisbaena darwini); el lagarto de gran dimensión conocido como iguana colorada (Tupinambis rufescens) muy perseguido por su carne y su piel; la falsa coral oscura (Xenodon pulcher); la coral chaqueña (Micrurus pyrrhocryptus); el lagarto trepador espinoso, tejú tará, chelco clinudo o sierra morena (Tropidurus spinulosos) en peligro de extinción; la boa arcoíris o enana (Epicrates cenchria); la yarará grande, víbora de la cruz o viborón(Bothrops alternatus) y la cascabel, campanilla o mboí chini (Crotalus durissus). La tortuga terrestre cuyana (Chelonoidis chilensis) también habita el parque entre gran variedad de anfibios anuros, entre los cuales encontramos el sapo buey, cururú o rococó (Rhinella schneideri) y la ranita coralina (Leptodactylus mystacinus) muy asociada a los sistemas salinos y en estado de conservación vulnerable. Como se supondrá, gran cantidad y diversidad de insectos pululan en el parque, pero las hormigas (Atta sp., Acromyrmex sp) y termitas lo habitan en toda su superficie, constituyendo el alimento básico de los edentados.
Entre los mamíferos medianos y pequeños, encontramos gran variedad de armadillos, como el pichiciego grande (Calyptophractus retusus); el piche llorón o quirquincho chico (Calyptophractus vellerosus); el quirquincho grande (Calyptophractus villosus); el tatú peludo, gualacate o armadillo (Euphractus sexcinctus); el quirquincho bola o armadillo de tres bandas (Tolypeutes matacus); la mulita común (Dasypus septemcinctus) cada vez más escasa y el gigante de la familia, el ya mencionado tatú carreta (Priodontes maximus). También habita el parque, la comadreja overa o común (Didelphis albiventris)marsupial que ha sobrevivido a numerosos cambios ocurridos en el continente a lo largo de millones de años, sin variar mucho evolutivamente, por lo que podría ser considerada como un fósil viviente; la comadreja enana o marmosa común (Thylamis pusillus); el cuis común o cuis moro( Galea musteloides) y el cuis chico(Microcavia australis); el conejo tapetí (Sylvilagus brasiliensis); el conejo de palo (Dolichotis salinicola); el pericote común (Graomys griseoflavus); la vizcacha (Lagostomus maximus) el cabasú chico o cabasú chaqueño (Cabassous chacoensis) y variedades de murciélagos o molosos, entre otros el vampiro común (Desmodusie rotundus); el murcielaguito oscuro (Myotis nigricans); el moloso cola larga chico (Promops nasutus) o el moloso pigmeo (Molossops temminckii). Entre las aves en estado de conservación vulnerable, citamos al águila coronada (Buteogallus coronatus); el pato real o pato criollo (Cairina moschata); el halconcito gris (Spiziapteryx circumcincta); la reinamora chica (Cyanoloxia glaucocaerulea); el carpintero negro (Dryocopus schulzi); el ñandú (Rhea americana); el lechuzón negruzco(Asio stygius), la martineta chaqueña (Eudromia Formosa); el inambú montaraz (Nothoprocta cinerascens) o el pecho colorado (Sturnella superciliaris), entre decenas de otras especies, como la charata o pava del monte(Ortalis canicollis); el hornerito copetón (Furnarius cristatus); la viudita chaqueña (Kinipolegus striaticeps); el soldadito común (Lophospingus pusillus); la chuña de patas negras(Chunga burmeisteri), los espineros (Phacellodomus sp), el arañero corona rojiza o candelita coronicastaña (Myioborus brunniceps); el rey del bosque o picogordo pechinegro (Pheucticus aureoventris); el canastero chaqueño (Asthenes baeri) y el colorido matico (Icterus croconotus).
En cuanto a la flora de Copo, la protección apunta al árbol característico de los montes de Copo y especie emblemática de la eco-región chaqueña. El actual bosque chaqueño no tiene el esplendor de antaño, refiere Juan Carlos Chebez , naturalista y conservacionista argentino, (1962-2011), hoy son más bajos y empobrecidos. El vinal (Prosopis ruscifolia), famoso arbusto invasor nativo, ha ocupado blancos que dejaron las especies arbóreas. En el chaco seco, las gramíneas han sido reemplazadas por los dominantes chaguares (Deinacanthon urbanianum) y el chaguar gancho o cardo gancho (Bromelia senta) que crecen sobre el suelo desnudo, seco y polvoriento. Gran cantidad de xerófilas, conforman el tipo de vegetación característica del chaco árido.
Pero también comparten el área, zonas y subregiones, bosques serranos, sabanas y pastizales, donde predomina el espartillo o aibe (Elionurus muticus); y también el cola de quirquincho (Phlegmariurus saururus); la jarilla (Larrea divaricata); el romerillo o mio-mio(Baccharis coridifolia); el vira vira, yuyo moro o mata negra (Conyza bonariensis); la artemisa, mbuy guazú o taperibá mi (Fleischmannia prasiifolia); la sacha (sarcotoxicum salicifolium); el quimil (Opuntia quimilo) es una de las más conspicuas formas cactáceas , cuyos tallos modificados semejan grandes hojas; así como el cardón (Cereus coryne) y el ucle (Cereus validus) que presentan una fisonomía de tipo candelabro de tres puntas. Las tres especies son arborescentes y pueden alcanzar varios metros de altura.
También habitan el parque, el llora tigre (Opuntia salmiana); la cabra yuyo (Solanum argentinum); el revienta caballo, pocatillo, quilla, rodaja de veredas, o tutía enano (Solanum elaeagnifolium); el anís estrellado (Solanum sp); la usbincha o cola de gato (Cleistocactus baumannii); el cardón moro o ucle (Stetsonia coryne) ; y los pastizales piróginos formados por el pasto crespo (Trichloris sp.), los sorguillos (Gouinia sp.) y la cola de zorro (Setaria argentina), entre muchos otros. La alta temperatura reinante, origina un fuerte proceso de evaporación, que saliniza los suelos y llega incluso a formar salinas. La salinidad de los suelos condiciona la vegetación y, según las condiciones particulares, se encuentran distintos tipos de arbustales, muchas veces dominados por el jume (Suaeda sp.y Allenrolfea sp.).
Entre las especies arbóreas, el quebracho colorado, de la familia Anacardiaceae, es la estrella del parque. Es un árbol de gran porte de hasta 30 metros de altura, originario de América del Sur. Desde 1956, por Decreto Presidencial 15.190, se lo considera el árbol forestal por excelencia en nuestro país. De ese modo, se destacaba su valor económico y social por la alta calidad de su madera dura, resistente al agua e imputrescible y su tanino, sustancia que convierte la piel del animal en cuero. El Schinopsis balansae, urunde’y-pytá, yvyra jy’y, quebracho variedad tupí o quebracho variedad jakaré, que requiere temperaturas elevadas y mucha luz solar y suelos de consistencia arcillo-arenosa o bien calcáreos, era hasta mediados del siglo XX, la especie dominante del Chaco austral. Las cualidades de su madera, generaron una gran demanda que provocó su sobrexplotación y la llevó a un estado actual de vulnerabilidad. En la actualidad, sólo sobreviven bosques de quebracho o quebrachales en pequeñas áreas, una de ellas es el parque Nacional Copo. La dura madera del quebracho, originó su nombre “quiebra hachas” y fue tradicionalmente utilizada para hacer durmientes del ferrocarril , postes de estancias y carbón de quebracho como combustible para calderas y locomotoras, además de la extracción del tanino, como ya se dijo. La combustión de la madera de quebracho colorado es muy lenta, lo que lo hace muy útil en tiempos fríos.
Durante décadas, se trató sin éxito de reproducir la especie para cultivarlo.
Sus profundas raíces pivotantes, muy sensibles a la sequía, hacen dificultoso su trasplante. Investigadores del Conicet finalmente descubrieron la clave en la morfología de las flores y la embriología de la planta, que es típica de la región chaqueña y se encuentra en las provincias de Corrientes, Chaco, Formosa y en el norte de Santa Fe y Entre Ríos. Sus frutos son numerosos pero con bajo porcentaje de germinación, porque son frutos vacíos, también llamados vanos o partenocárpicos, sin semillas en su interior.
El tronco del quebracho colorado es recto, robusto y altivo, con grietas profundas que forman placas irregulares y la copa, escasa en hojas, pero con espinas rectas y agudas de hasta 2 centímetros de longitud, tiene forma de cono invertido. Tiene minúsculas flores blanquecinas, algo verdosas o algo rojizas en inflorescencias de tipo espiga. El árbol florece entre finales de la primavera y comienzos del verano y fructifica de febrero a abril. Los frutos, o sámaras, son rojos y romboidales.
El coronillo (Scutia buxifolia) es una especie de quebracho colorado, cuyo tronco es retorcido y tortuoso, lo que lo hace menos apto para la construcción. Sus hojas son compuestas y sus flores pequeñas y amarillentas. Las semillas presentan un color rojo muy atractivo cuando están verdes. Mucha gente los confunde por su floración similar. Otra variedad, también de quebracho colorado es la Schinopsis lorentzii, que crece más al sur y es muy explotado. Esta especie es de menor altura y tiene hojas compuestas. Su madera es muy apreciada por los luthiers y en ebanistería. Otro árbol presente, el más alto del bosque, es el quebracho blanco (Aspidosperma quebracho-blanco). Sobre él, reproduzco esta hermosa descripción hallada en el portal web www.churqui.org, escrita seguramente por un espíritu amante de la naturaleza “…De su porte elegante, esbelto, prolijo, recibe no sé qué aire señoril de noble hidalguía y adusto linaje, siendo el árbol más alto del monte todo, y aun el más bello. En esto se parece al Horco Quebracho, con quien comparte muchas similitudes, como el fuste recto y alzado del tronco, el ramaje alto y pobre, la corteza hendida y rugosa, y la dureza de la madera, de donde recibe su nombre, que viene de una palabra compuesta, que en nuestro castellano moderno se diría Quiebra Hacha, y en el antiguo, Quebra Hacho, ya que antiguamente hacha se decía hacho. Tal es la dureza de su madera, que parte las hachas. Y es esta misma calidad de su madera la causa principal de que hoy, como tantos otros árboles de Córdoba, esté gravemente amenazado. Se lo tala sin piedad para producir carbón, destinado a satisfacer la gula del rito argentino del asado dominical. Qué pena que un árbol así tenga que caer, para alimentar una costumbre tan destructiva. Sé que es más ignorancia que malicia, porque nadie sabe, cuando compra el carbón, que para producirlo un árbol como el magnífico Quebracho Blanco tuvo que morder el piso, y exhalar su último aliento, levantando una nube de polvo. Y aun hay otra amenaza, de no menor daño, y es la reciente moda de construir cabañas con troncos de Quebracho Blanco, muy populares hoy entre los turistas. Siempre que veo una, ¡ay!, se me encoge el corazón. Y pienso entre mí, con honda amargura, cuánta ignorancia, cuánto desdén injusto hacia mis amados Quebrachos. Pienso en cuánto nos falta como sociedad. ¡Qué desperdicio vano! ¡Qué punible vanidad! A mí tales cabañas me parecen como la fosa común de un horrendo genocidio, sólo que, en vez de cuerpos, troncos hay apilados unos sobre otros…”. También forman parte de estos bosques espinosos, el itín , jacarandá, carandá, barba de tigre, lanza lanza, yacarandá itín o palo mataco (Prosopis kuntzei/Prosopis casadensis); el algarrobo blanco (Prosopis alba) y el algarrobo negro (Prosopis nigra); la brea (Parkinsonia praecox); el molle (Schinus polígama); el guayacán negro, alagania, ibirá verá o ébano argentino (Caesalpinia paraguariensis) de madera muy apreciada, similar al ébano y con mayor poder calórico que la del quebracho colorado; el burrito, caa yaguá, poleo o poleo de Castilla (Aloysia polystachya); el ñandubay (Vachellia caven); el curupaí-atá o curupaí curú (Vachellia astrigens); el chañar (Geoffroea decorticans) cuyo fruto es una drupa carnosa color naranja comestible y agradable sabor dulce. Fue uno de los principales alimentos de los aborígenes del Gran Chaco, así como pasto del ganado. Con el fruto del chañar se prepara aloja de chañar, suerte de aguardiente con propiedades antiasmáticas y arrope de chañar, que es negro y dulcísimo, y se usa como miel vegetal; el garabato blanco chico o shinqui (Mimosa detinens) especie de arbusto sudamericano de la familia de las fabáceas.; el payagua labon, tororotay, palo cruz o martín gil (Tabebuia nodosa); el mistol, mistol cuaresmillo, sacha mistol o mistol del monte (Ziziphus mistol) , con cuyo fruto maduro se prepara un arrope, licor y una golosina llamada bolanchao. También, moliendo y tostando el fruto, se prepara café de mistol con alto valor nutritivo y el yuchán, palo borracho, árbol botella, toborochi, árbol de la lana, palo rosado, samohú o Lupuna Hembra (Ceiba speciosa ), utilizada desde siempre por los aborígenes para hacer canoas y en la actualidad, se hace papel con la pulpa de su madera. Mencionamos sólo estas especies, entre muchas otras. En los antiguos cauces de ríos, como se dijo, se desarrollan pastizales. Las únicas palmeras del área son la carandilla o caranday (Trithrinax schizophylla y Trithinax biflabellata ) de 4 a 6 metros de altura, con fuertes espinas y característica porque conserva en sus troncos las frondas de las hojas muertas y soporta el fuego de los frecuentes incendios. Es una especie rústica, propia de suelos limosos o limo-arenosos, secos en invierno y muy calurosos en verano.
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