Mostrando entradas con la etiqueta matacos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta matacos. Mostrar todas las entradas

HISTORIA DEL PARQUE NACIONAL COPO

  En la zona se han encontrado restos culturales de sitios arqueológicos entre los ríos Dulce y Salado. Uno de ellos es Las Mercedes que data del 200 al 750 DC, sitios donde no se han encontrado construcciones pero sí cerámica con decoración geométrica incisa. Con el nombre genérico de guaycurúes se conoce a este conjunto de pueblos que habitaban las inmensidades del Chaco. El colectivo estaba formado por varias etnias, como los abipones,  mocovíes, tobas, mbayaes, payaguaes, y pilagaes o pilagás. Eran pueblos recolectores de frutos, como el chañar, el mistol, el algarrobo, los higos de tuna, la tusca y ananás silvestres. La denominación de matacos -que en quechua significa "animal de poca monta, sin importancia"- fue utilizada también por los españoles para designar a los aborígenes del Chaco. Una denominación más digna utilizada desde el 1990,  es wichis, que significa en su propia lengua, "gente". De tipo racial patagónido con influencia andina y brasílida, habitaban chozas de forma cupular hemisférica, hechas de ramas y paja, que medían 3 metros de diámetro por otros 3 de alto, sin puertas. Para almacenar sus cosechas, construían graneros sobre pilotes. El gran consumo de estas tribus fue el tabaco: secaban las hojas al fuego y luego, desmenuzándolas entre las palmas de las manos, las fumaban en pipas de madera o barro cocido. Los chamanes también utilizaban con fines curativo, el cebil, "árbol de la ciencia del bien y del mal", cuyo efecto psicoactivo producía alucinaciones, trances y estupores. Los chiriguanos en tanto, entraron al Chaco salteño con el conquistador portugués Alejo García, a mediados del 1500, mezclándose con los pueblos de origen andino que ya ocupaban el territorio y aculturándose con su cultura, más sofisticada. Su organización económica se basó principalmente en la agricultura, cultivando maíz, poroto, calabaza, mandioca dulce, sorgo, melones y algunas frutas. 

Cada tanto cuando sufrían hambre, los indígenas en malón cruzaban el río Salado y depredaban las localidades ribereñas, robando bienes, cosechas y animales. Conocían el terreno y se desplazaban con gran  velocidad .   El indígena era hábil cazador de avestruces con un solo tiro de boleadoras, al que previamente se acercaba muy lentamente arrastrándose entre los pastizales, costumbre de épocas tempranas cuando los pueblos originarios no conocían el caballo, introducido por los españoles, y cazaban a pie. A las aves arborícolas, las cazaba con flechas, al puma lo enfrentaba con su lanza y el cuchillo. La pesca la efectuaban a flechazos o lanzasos. En los bañados, se escondía entre camalotes para cazar a los patos apresando sus patas. Las mujeres trenzaban redes de pesca, hamacas y bolsas para llevar a los recién nacidos, lavaban ropas y transportaban los toldos, función esencial en las sociedades nómadas. Su religión era dualista, creían que existía un espíritu bueno y otro malo. Normalmente eran monógamos, pero cuando mujeres blancas raptadas en los malones ingresaban a la toldería, los hombres engendraban  hijos con ellas, que crecían sin distingos de su origen en igualdad con los otros niños. De los grupos originales,actualmente sobreviven los mocovíes, tobas y pilagás en Chaco y Formosa.

Luego de la conquista, los indígenas adoptaron las herramientas de cosecha del hombre blanco, como el machete y el hacha.  El blanco incorporó también el fuego y la quema controlada por manchones, con el objeto de cultivar para el consumo de ejércitos expedicionarios, misioneros, aborígenes, colonos y comerciantes que siguieron haciendo un mayor consumo de miel, de cera,  tejidos de fibras como el chaguar, pieles, cueros o  plumas. Se incorporaron además la cabra, la oveja, el cerdo doméstico, el perro y el caballo. Más tarde, se desarrolló la ganadería en pastizales, la producción de pieles y cueros de la biota nativa; la cosecha de algarrobo, se inicia la defaunación local en los pastizales y aparecen los puestos ganaderos de propietarios que controlaron las tierras públicas e introdujeron rodeos mixtos. 

El Gran Chaco incluye desde la riqueza de conocimiento de etnias sobrevivientes hasta la biodiversidad variable espacialmente, a lo largo de dos gradientes: uno de pluviometría decreciente este-oeste y otro de transición termoclimática tropical, subtropical y templada norte-sur.  La ecorregión ha sufrido en su desarrollo histórico reemplazos y extinciones locales y regionales de poblaciones, especies, comunidades, ecosistemas, culturas aborígenes y criollas.

ETAPA DE USO DE LOS RECURSOS Y DESMANTELAMIENTO DE LA BIOTA DEL CHACO.

Se reemplazaron los herbívoros nativos por ungulados domésticos y el pastizal por el arbustal. Se consolidan los corrales, las aguadas y las jaurías adiestradas en cosecha de distintas presas (perro leonero, quirquinchero-tatucero, iguanero, chanchero). La respuesta ecosistémica son los pastizales sobrepastoreados,  la invasión de leñosas oportunistas, la desaparición local del ñandú, del guanaco y de los cérvidos y ante la caza de sus predadores naturales (grandes carniceros) aumento explosivo de la población del conejo y la vizcacha.

Del 100% de los quebrachales de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, sólo queda el 20% de árboles en pie. A mediados del siglo XIX,  los pobladores de la época conocían el bosque nativo y supieron cuidarlo y aprovechar sus recursos sin alterar el equilibrio natural. Por entonces, los quebrachales ocupaban cerca de diez millones de hectáreas, el 83,5% de las tierras santiagueñas. Poco antes de la llegada del ferrocarril y luego, entre 1900 y 1966, se calcula que fueron transportados 170.000.000 toneladas de madera de quebracho colorado, que rindieron, entre otros usos, 64.500.000 postes para estancias pampeanas.  La depredación erosionó el suelo,  tornó más seco el clima y más árida la tierra. El enorme valor del parque nacional Copo es que conserva la flora y fauna (biota) original del ecosistema, es decir que preserva especies que en las demás áreas de la región chaqueña están extinguidas.

UNA HISTORIA DE DEGRADACIÓN AMBIENTAL.

La extracción forestal y la ganadería vacuna y caprina practicadas en el Chaco Semiárido tuvieron y tienen un gran impacto en la estructura del paisaje. El sobrepastoreo en los parches de pastizales naturales ya descriptos alteró la relación entre las especies leñosas y las herbáceas, en detrimento de estas últimas. Las leñosas entonces avanzan sobre los pastizales hasta convertirlos en arbustales si no hay remoción o fuego. Ésto ha llevadoal ganado a pastorear dentro de los bosques, lo que ha modificado fuertemente también su estructura y composición específica. El estrato herbáceo dentro del bosque ha sido prácticamente eliminado; lo que dio lugar a una invasión de arbustos y árboles bajos que lo vuelven mucho más cerrado y espinoso. El tracto digestivo del ganado, donde germinan las semillas, actúa como dispersante. La baja receptividad de los campos se mantiene en forma similar a la de hace cincuenta años atrás, lo que sugiere que la presión de pastoreo alcanzó un equilibrio con el bajísimo potencial forrajero.

La explotación forestal se practicó históricamente como una extracción minera, por excelencia una industria extractivista y no como el aprovechamiento sustentable de un recurso renovable. Por consiguiente, las especies más buscadas vieran diezmadas sus poblaciones y  llegaron  al límite de la extinción comercial, que difiere de la extinción biológica porque en ella la especie está presente, pero no en volúmenes comercializables.

La explotación forestal y la ganadería, hicieron estragos con el quebracho colorado santiagueño. La expansión del ferrocarril y la extracción de quebracho para la obtención de postes de madera imputrescible para alambrado, requería de esta especie por la dureza de su madera, por lo que  fue una de las primeras especies en ser explotadas comercialmente, al punto de que en vastas extensiones perdió su carácter dominante en el bosque. Para estos usos, se seleccionaban los ejemplares adultos más sanos. Además, la regeneración de la especie se vio impedida por la ganadería, que elige sus renovales por sobre otras especies leñosas. Esta actividad de ramoneo, ha resultado fatal para muchas especies,  de las cuales sus brotes tiernos son arrancados o deformados y el mantillo de hojarasca que naturalmente actúa favoreciendo su germinación es eliminado.

Otra especie fuertemente afectada por la explotación fue el algarrobo, utilizado para la fabricación de muebles y muchas otras especies para la producción de carbó, menos selectiva en cuanto al tamaño y la edad de los individuos a extraer, por lo que se eliminaron también individuos jóvenes, lo que comprometió la sustentabilidad del proceso y originó grandes extensiones de variedades leñosas secundarias (arbustales, fachinales) con prácticamente sólo el quebracho blanco en su estrato superior (cuando éste existe) y un estrato inferior muchas veces cerrado y espinoso compuesto por distintas asociaciones de especies favorecidas por la intervención del ganado y/o el hachero como el algarrobo negro (Prosopis nigra), el blanco (P. alba), el itín (P. kuntzei), característico por carecer prácticamente de hojas, el vinal (P. ruscifolia), con espinas de hasta 30 cm, o el chañar (Geoffroea decorticans), de muy singular corteza que se “deshoja” y deja a la vista su tronco verde. También se encuentran en abundancia las acacias como el espinillo (Acacia caven), el garabato (A. praecox), la tusca (A. aroma) y otros pequeños árboles o arbustos del género Capparis. Bajo este proceso de ramoneo, sobrepastoreo, desmonte, caza y pesca, fertilizantes, insecticidas y químicos, exploración  y extracción petrolera, labranza  y mangas de langostas, completado con el fuego, la mudanza y el traslado de los cauces y las inundaciones, es que se rediseñó el paisaje chaqueño. También hay  eventos naturales modeladores de los ecosistemas, como sismos, sequías,  plagas, fenómenos climáticos como ciclones y vendavales, u otros factores que a su vez impactan sobre el bioma del sistema, es decir, la vida vegetal y animal que se da bajo ciertas condiciones y que, alteradas éstas, originan extinción de especies, cambios adaptativos de otras o migraciones masivas en busca de nuevos habitat, entre otros factores. A pesar de éstos, es la presión del hombre la más destructiva.

La presencia de indígenas en el Chaco, no perjudicó el medioambiente, de hecho  hicieron un uso racional del suelo, limitado al propio consumo, como la caza y la pesca, la recolección de frutos, fibras, plumas, cueros, la pesca y la miel, controlando los insectos o haciendo fuego para la supervivencia. La superposición de otros actores en el escenario chaqueño, como el puestero y el arriero,  el ganadero engordador, el jinete corredor, el rematador de hacienda y las redes comerciales que abastecen localmente a estos actores, las empresa extractivas de madera, miel y cera y los hacheros, aserraderos, obrajes, contratistas e incluso las actividades alrededor del petróleo, todas redundan en detrimento del ecosistema chaqueño.  La extracción del tanino del quebracho colorado y del palo santo para uso industrial, por parte de empresas europeas en poder de cientos de miles de hectáreas, fue realizada sin racionalidad alguna. También la producción de rollizo descortezado, la fabricación de muebles, ladrillos y carbón; las herramientas y equipos utilizados, como tractores, motosierras, topadoras, camiones, movimiento de trenes, los caminos terraplenados, agotaron el ecosistema durante décadas.

 A la devastación  del paisaje chaqueño, se sumó la colonia algodonera, que desmontó extensiones de bosques  creando un paisaje abigarrado , al ocupar predios de menos de 50 hectáreas en zonas  de alta fertilidad y buen drenaje. En estas zonas, se explota la casa y la tala, y se desarrolla la  horticultura, la rizicultura y la fruticultura subtropical. De esta forma, se erosionan, se sobreexplota la leña, y se contamina el suelo con agroquímicos. Las cosechas implican miles de braceros alternando distintas zafras, chacareros, aceiteras, hilanderías, ascopiadores y cooperativas.

En los años 70,  la desprotección legal y la falta de controles de las áreas vírgenes, la presencia de contrabandistas, las fuerzas de seguridad, la zafra azucarera con el arreo y conchabo de aborígenes, la caza y el tráfico de animales y aves exóticas, los puesteros y los obrajes, son factores que agravan la situación.  En particular la exploración y explotación petroleras, con sus equipos de topógrafos, científicos, petroleros (topadorista, geólogo-topógrafo, contratistas de perforación, químicos),  funcionaron como una red facilitadora de defaunación, explotación forestal y pastoreo,  aún en los fragmentos que habían conservado alta diversidad biótica. La logística petrolera formó un retículo interconectado donde barrió con la cobertura vegetal en franjas angostas y rectas de decenas de kilómetros, con acceso automotriz, para implantar torres de bombeo, piletas de líquido residuales, equipos de desmonte, explosivos, tanques y ductos . Ésto nuevas vías de acceso a la selva facilitaron el arreo de indígenas, la saca de maderas y el contrabando de animales exóticos y mascotas. Se realizaron estudios hidrológicos y topográficos para venta de tierras públicas  En entornos de campamentos petroleros hubo derrames de petróleo y tramos abandonados de prospección. 

Pero tal vez la más nocivas de todas las explotaciones del Chaco seco fue la agriculturización que corresponde al fenómeno global llamado “Revolución Verde” , por el cual los rindes aumentaron debido a una agricultura de crecientes insumos externos, en la que se usaron intensivamente fertilizantes, agrotóxicos como silvicidas y arbusticidas (defoliantes–,entre los que se incluyen el 2-4-5T (herbicida) y los fosforados),  cebos tóxicos para aves, maquinaria y riego, eliminándose los períodos de barbecho o descanso de la tierra entre plantación y plantación. Se optó por el doble cultivo; alternándose el trigo, el algodón y más tarde la soja, sin los períodos de barbecho.  Como consecuencia se fragmentaron los bosques, selvas y se generalizó la conversión de humedales en arrozales; todo lo cual produjo la erosión mantiforme del suelo y el envenenamiento de avifauna acuática, contaminación de aguas y suelos, graves accidentes en el manejo de agroquímicos, aparición de resistencia al 2-4-5T en arbustos, calcinación de suelos en cordones. 

En la región pampeana, producir grano se volvió más rentable que la cría de ganado y éste fue trasladado al Chaco en  el proceso conocido como “ganaderización”. Éste ha sido el período de venta masiva de tierra pública en la región chaqueña, sin normativas de manejo:  quien compraba podía hacer lo que le placiera con la biota, con el agua y con el suelo . 

En este contexto, se definió como Ecosistema fundamental: lo que quedó del campo natural y cualquier tipo de pastizal no anegadizo. La actividad principal fue el  cultivo de textil-oleaginoso y granos en sistema de doble cultivo. Como actividad de apoyo, se desarrolló la ganadería en campo natural y en pasturas implantadas, básicamente “buffel grass” (Pennisetum purpureum), Chloris gayana y Digitaria decumbens.

Hacia fin del siglo XX , se integraron nuevos actores más sensibles al deterioro ambiental pero con un alto perfil productivo como: el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) universidades regionales, ONG rurales, organismos técnicos provinciales y semilleros-criaderos de germoplasma subtropical.

LA PAMPEANIZACIÓN DEL CHACO

Pese a la intervención de las organizaciones conscientes del deterioro ambiental, se siguen combinando prácticas entre una agricultura de altos insumos, excepcionalmente rentable en el corto plazo (soja fundamentalmente) para el mercado externo, con ganadería en pasturas implantadas. Los rindes y los precios permiten costear desmontes masivos, ya que la única tierra con vegetación natural disponible son los arbustales y los bosques. Se caracteriza por la celeridad de la ocupación  de bosques explotados. “Pampeanizar” significa pensar y actuar como si los paquetes tecnológicos y los tipos de uso del suelo fueran intercambiables entre ecosistemas muy distintos, y que todo lo que se hace en la Ecorregión Pampa puede hacerse en el Chaco . Es lógico que aparezcan rápidamente consecuencias ambientales y sociales de este proceso de fuerte incorporación tecnológica y capital. La soja es el cultivo estrella, y tanto en las pampas como en la ecorregión chaqueña la demanda por nuevas tierras parece irrefrenable. El desmonte no sólo afecta la biodiversidad, sino que también genera conflictos sociales no resueltos, como la utilización de glifosfato entre otros. En este marco se modifica sustancialmente el tamaño de la unidad productiva sojera, que aumenta en detrimento de otras producciones , pero subregionalmente el cultivo de algodón no ha perdido aún su vigencia y sigue siendo el organizador agroeconómico. Para el 2006 la soja liderará en superficie sembrada, junto con el algodón y la caña de azúcar . En menor medida, el trigo, el girasol, el citrus, las frutas tropicales y las pasturas perennes; mientras que el poroto  y el garbanzo están en declinación. La respuesta ecosistémica al desmonte “con criterios técnicamente pobres” en una ecorregión donde la deforestación,  es la tarea principal del proceso de conversión.  La fragmentación y la desaparición de parches por conversión afecta fundamentalmente la riqueza biótica y la oferta de servicios y bienes ambientales imperfectamente conocidos. Los nuevos actores son los productores de otras regiones como la pampeana, las grandes empresas integradas verticalmente, los contratistas,el empresario arrendatario, y los pool de siembra o sistemas de promoción de inversiones de corto plazo.  Todos éstos actores  presionan sobre los pequeños y medianos productores, mientras tiende a la desaparición la horticultura y la agricultura de base familiar,

La “pampeanización”, es decir, la imposición del modelo industrial agrícola pampeano en la ecorregión, es el último proceso y, quizás, uno de los más intensivos en cuanto a transformaciones del paisaje rural. Esta última etapa del Chaco convierte ecosistemas cuyos servicios ambientales y riqueza de bienes potenciales se conocen precariamente, inaugura interacciones entre el parche cultivado y la matriz de bosques que se ignoran y exacerba conflictos sociales de desarrollo difícilmente predecibles, pero transgresivos a lo rural, lo periurbano, lo urbano y lo metropolitano.

Creación y legislación

Por decreto serie B n.º 1101/1968 de 16 de septiembre de 1968 el Gobierno de la provincia de Santiago del Estero creó la reserva natural integral Copo en un terreno fiscal con una superficie aproximada de 114 250 hectáreas. El 30 de junio de 1993 fue sancionada la ley n.º 5972 que convirtió la reserva natural integral en el parque provincial

Situado en el extremo noroeste de la provincia de Santiago del Estero, en el departamento homónimo, corazón del Chaco argentino, esta reserva natural protege 114.250 hectáreas. Reconocida por el gobierno de Santiago del Estero en 1968, se constituyó primero en Reserva y recién hacia el año 1993, en Parque Provincial.

Pero por su importante valor ambiental, en 1998 pasó a la esfera nacional que, con el objetivo de ampliar la zona de protección, contempla la formación de un núcleo de conservación más un área adicional de 55.000 hectáreas de reserva provincial.

Así, el Parque resguarda un importante sector del bosque primario de quebrachos, la especie arbórea que hiciera famosa a la región chaqueña por su riqueza forestal. Fama que, lejos de contribuir a su correcto aprovechamiento, terminó por destruir más del 80% de la zona cubierta de montes y bosques chaqueños

ARTICULO 1.- Conviértese en PARQUE PROVINCIAL COPO, la Reserva Natural Integral Copo, creada mediante Decreto del Poder Ejecutivo Serie B Nº 1.101 del 16 de septiembre de 1.968 de una superficie de 114/250 hectáreas, ubicada en el extremo NE del Departamento Copo, Provincia de Santiago del Estero.

El 10 de febrero de 1998 fue firmado un convenio entre la provincia de Santiago del Estero y la Administración de Parques Nacionales con el objetivo de establecer un acuerdo general de cooperación mutua y crear el parque nacional Copo y la reserva provincial Copo. El convenio fue ratificado el 31 de marzo de 1998 mediante ley provincial n.º 6405:

ART. 1° - Apruébase el Convenio suscripto entre el Gobierno de la Provincia de Santiago del Estero, representado por el Gobernador de la Provincia y la Administración de Parques Nacionales representada por el Vicepresidente en ejercicio de la Presidencia del Directorio, con el objeto de crear el Parque Nacional Copo y la Reserva Provincial Copo, según proyecto del Banco Mundial, identificado como: AR-GE 39787.

La ley provincial n.º 6450 sancionada el del 9 de diciembre de 1998 autorizó al Poder Ejecutivo provincial a ceder a favor del Gobierno Nacional el dominio y jurisdicción sobre el territorio del parque provincial Copo.

ART. 1°- Autorízase al Poder Ejecutivo a disponer la cesión a favor del Gobierno Nacional, del dominio y jurisdicción provincial del inmueble que compone el actual Parque Provincial Copo, de acuerdo a lo establecido en la Ley Provincial N° 5972/93, que tiene como antecedente el Decreto Serie "B" N° 1101/68 y que se integra de una superficie total de ciento catorce mil doscientas cincuenta hectáreas (114.250 Ha.), para la creación del Parque Nacional Copo.

El territorio fue traspasado mediante el decreto serie A n.º 1008/1999 del Poder Ejecutivo provincial en 1999.

ARTICULO 3° - Los límites del inmueble cuya cesión de jurisdicción y dominio se acepta son los siguientes: Este: Picada del límite interprovincial entre las provincias de Santiago del Estero y Chaco con orientación N-S, desde el vértice SE del Parque, con coordenadas 25° 58’ 41" de latitud Sur y 61° 42’ 42" de longitud Oeste, hasta el esquinero NO del Parque donde se localiza la Pirámide El Triunfo, con coordenadas 25° 39’ 28" de latitud Sur y 61° 42’ 44" de longitud Oeste. Norte: Picada de Olmos (Paralelo de San Miguel), límite interprovincial entre las provincias de Santiago del Estero y Chaco, con orientación E-O, a partir de la Pirámide El Triunfo hasta la intersección con la picada Balcanera, vértice NO del Parque, con coordenadas 25° 39’ 28.8" de latitud Sur y 61° 59’ 46" de longitud Oeste. Oeste: Huella de la picada Balcanera (que une la picada de Olmos con la localidad de Los Pirpintos), partiendo del esquinero NO del Parque desde la intersección con la picada Olmos, se orienta con azimut de 197° 40’ hacia el Sudoeste, hasta el vértice "A" (intermedio), con coordenadas 25° 53’ 26.4" de latitud Sur y 62° 04’ 33.5" de longitud Oeste. A partir del vértice "A" continúa con rumbo N-S, hasta el vértice SO del Parque, con coordenadas 25° 58’ 33.5" de latitud Sur y 62° 04’ 31" de longitud Oeste. Sur: Línea con orientación E-O que une el esquinero SO del Parque, con coordenadas 25° 58’ 33.5" de latitud Sur y 62° 04’ 31" de longitud Oeste hasta el vértice SE del Parque, con coordenadas 25° 58’ 41" de latitud Sur y 61° 42’ 42" de longitud Oeste, los cuales tienen su antecedente en los límites establecidos mediante la ley provincial N° 5972/93, de creación del Parque Provincial Copo, y el decreto serie "B" N° 1101/68 del Poder Ejecutivo provincial de creación de la Reserva Natural Integral Copo. Dichos límites podrán ser objeto de modificaciones como consecuencia de las operaciones técnicas de deslinde y mensura a efectuarse sobre el terreno.

ARTICULO 5° - Habiéndose cumplido los extremos exigidos por los artículos 1°, 3° y concordantes de la Ley 22.351, créase el Parque Nacional "Copo", el cual, a partir de la promulgación de la presente, quedará sometido al régimen legal de los Parques Nacionales, Monumentos Naturales y Reservas Nacionales.

La ley provincial n.º 6601 de 18 de diciembre de 2002 creó la reserva forestal Copo, que por ley n.º 6843 sancionada el 6 de marzo de 2007 fue dividida en el parque provincial Copo de 67 675 ha y la reserva provincial Copo de 23 592 ha.



HISTORIA DE LAS YUNGAS SALTEÑAS Y EL PARQUE NACIONAL BARITÚ.

Época precolombina y post-conquista, hasta el siglo XVII.´

 La actual zona de los Toldos, fue en épocas precolombinas territorios de los bravos y belicosos chiriguanos o chavancos - nombres despectivos de origen quechua -  y de los pueblos mataguayos o matacos, ambas etnias guaraníes que se expandieron desde el siglo XV al sur del Amazonas, hacia Bolivia, Paraguay y Argentina, buscando la "tierra sin mal". También habitaban estas regiones los tobas, o qom y los chané. Ellos prefirieron llamarse ava=gente en lengua tupí-guaraní. Dejaron gran cantidad de topónimos tales como Coyambuyo, Emborozú, Baritú y Pilcomayo.

Es decir que en esta zona del NOA donde se encuentra el Parque Baritú, se produjeron intercambios y enfrentamientos y fue clave en las relaciones entre las tierras altas y las selvas, operando como lugar de paso y como frontera cultural .

Cuando llegaron los españoles la zona comenzó a tomar interés como vía hacia el Alto Perú. Las reiteradas fundaciones de Jujuy (1561-1575-1593) buscaban controlar ese camino, situación que se consolidó cuando apresaron al cacique Viltipoco, quien controlaba la región. En el siglo XVII existía también un paso utilizado por los conquistadores para ir de San Salvador de Jujuy a la zona de Ledesma a través de Tilcara, atravesando Valle Grande. En los alrededores de Valle Grande, en una zona de chacras adyacente al pueblo, se encuentra un yacimiento arqueológico (Finca Tolaba) con restos de paredes de piedra que forman un escalonado dispuesto en forma perpendicular a la pendiente. Estos restos corresponden a patrones estilísticos originarios de la Quebrada de Humahuaca (1000-1480 d. C).

Los chiriguanos, y los guaraníes en general, vivían en comunidades sedentarias, habitando chozas que formaban tolderías. A la conquista, los religiosos de las misiones construyeron grandes galpones de forma circular con techos cónicos y altos que habitaban cien individuos con lazos de parentesco patrilineal, siguiendo la costumbre chiriguana de viviendas comunitarias. Desde fines del siglo XVII, las viviendas, ahora de planta rectangular, se redujeron y las habitaron varios matrimonios y allegados solteros. Eran buenos agricultores, los dos sexos trabajaban el campo, los hombres talaban árboles y  limpiaban la maleza quemando el terreno, siguiendo la técnica de la milpa amazónica. Luego, las mujeres sembraban, cosechaban y almacenaban lo obtenido en graneros sobre pilotes. También eran cazadores y pescadores, lo cual no era obstáculo para que comieran carne humana. Así como practicaban la antropofagia en el Caribe, de donde eran originarios, los guaraníes entre los siglos XV y XVI, al vencer a los chanés, de lengua arawac, devastaron su número mediante el canibalismo. A pesar de ésto, terminaron aculturándose con ellos, y los chané adoptaron el guaraní, olvidando su lengua original  y conformando el grupo chiriguano chané.

 Otros grupos indígenas, como los quom o tobas, nombre peyorativo que le aplicaban los guaraníes y que significa "frentones", ya que pelaban totalmente a las mujeres y los hombres, conservaban una delgada línea de pelo que ensanchaba su frente exageradamente. Los tobas, ecorrían la zona selvática en su condición de nómades. Eran cazadores, pescadores y recolectores, organizados en familias extensas  bajo el mando de un cacique. Fueron muy influenciados por los mocovíes, otro grupo indígena nómade, con fuertes cacicazgos hereditarios, lengua de familia guaycurú y sumamente belicosos que originalmente, habitaban las orillas del río Bermejo. A su vez, la familia lingüistica mataguaya, o lengua mataco-maká, comprendía varias etnias, entre ellas, los wichi. Mataco, era un nombre despectivo que utilizaban los españoles para identificarlos, que significa "animal de poca monta". Estas etnias y algunas más, en colaboración o en conflicto, formaban la población indígena de las yungas, lo cual es necesario conocer para comprender la complejidad cultural de la zona, antes que ésta fuera dominada por el hombre blanco, que redujo al indígena en encomiendas, lo explotó en trabajos agrícolas o en los ingenios de la zona. A partir de la dominación incaica del noroeste (1480-1530) se modificaron las antiguas relaciones entre las tierras altas y bajas. Aún se conserva una parte importante de un tramo de camino incaico que une la localidad de Santa Ana con Valle Colorado. Es posible recorrerlo a pie, pasando de los pastizales altoandinos hasta el interior de bosquecitos de aliso en las primeras estribaciones de las Yungas.


Ya en el siglo XVIII y hasta la actualidad

 Uno de los pocos títulos nobiliarios otorgados por el rey de España en tierras de lo que hoy es la República Argentina, de la Gobernación de Chile y del Alto Perú (hoy Bolivia), fue al Marquesado del Valle del Toxo (Tojo) o Marquesado de Yavi, por la población donde el marqués tenía una de sus principales casas. Esta enorme región comprendía Tarija, Tupiza, Yavi, Orán, Cochinoca, Casabindo, Chuquisaca, Iruya, Santa Victoria Oeste hasta San Antonio de los Cobres, toda la Puna de Atacama, tanto del lado argentino como del lado boliviano y del lado chileno,  Antofagasta y todas las yungas jujeña y salteña. . Pero el eje administrativo de la inmensa extensión, estaba en el actual departamento de Tarija, en Bolivia. El marquesado, recorría a todo lo largo,  la vera del Camino Real o Camino de Potosí (hoy ruta nacional ° 9)  que comunicaba el Alto Perú con el Río de la Plata. El título estaba vinculado a un mayorazgo, como era usual en la España de la conquista y organizado en diversas encomiendas y le fue otorgado a don Juan José Fernández Campero y Herrera, Primer Marqués del Toxo, en 1708. Campero recibió semejante merced, en virtud de haberse casado con Juana Clemencia de Ovando,  la única hija aún infante  de don Bernardo Gutiérrez de Ovando, poseedor original de dicos territorios desde el siglo XVI.

 Fernández Campero, hidalgo cántabro llegado en el séquito del Virrey del Perú Pedro Antonio Fernández de Castro, X Conde de Lemos, nacido en 1645,  contrajo enlace con Juana Clemencia el 5 de agosto de 1678, y como Juana Clemencia Ovando contaba con doce años de edad, ese mismo día levantó su protesta ante escribano  declarando que su matrimonio era forzado por la madre y el abuelo materno de la niña, aunque luego rectificó estas declaraciones aduciendo que habían sido impuestas por su padrastro, don Pedro de Santisteban. Años más tarde, la heredera universal de los bienes de los Ovando murió en puerperio el 30 de diciembre de 1690, dejando como único heredero a su esposo Juan José Fernández Campero. Como era uno de los terratenientes y encomenderos más importantes de la Audiencia de Charcas, le fue otorgado-por compra- el tíulo de Marqués del Toxo (Tojo) en 1708. Ya en 1813, la Asamblea constituída en el Río de la Plata determinó el fin de los privilegios nobiliarios y feudales en su territorio. Los descendientes de Campero, perdieron el título pero no las propiedades, ya que durante este periodo de las Guerras de la Independencia, el cuarto marqués Juan José Feliciano Fernández Campero, se sumó a las tropas revolucionarias de su pariente Martín Miguel de Güemes en la llamada Guerra Gaucha, siendo derrotado y capturado por el ejército realista en la Batalla de Yavi el 15 de noviembre de 1816. Sus descendientes fueron perdiendo por partes las propiedades de su antepasado, de hecho, Cochinoca, Casabindo y otros territorios de la actual provincia de Jujuy, fueron reclamados en 1871 como parte del territorio argentino por el  gobernador Teófilo Sánchez de Bustamante al general boliviano Fernando María Campero Barragán (1808-1883), quien ejercía el control de toda la región cobrando sus derechos de encomienda hasta pasada la primera mitad del siglo XIX. La disputa judicial fue resuelta por la Suprema Corte de Justicia argentina en 1877, declarando caducas e incompatibles con el régimen jurídico y constitucional argentino, las antiguas mercedes reales otorgadas en encomienda.

La Finca San Andrés y su vecina Finca Santiago son emblemas de la lucha de las comunidades aborígenes regionales por la lucha y obtención de la tierra, en este caso de la etnia Kolla. Dos enormes fincas (130.000 hectáreas cada una) enclavadas en el corazón de la Reserva de Biosfera Yungas, donde el hombre continúa con sus prácticas ganaderas tradicionales. Ello es la trashumancia de ganado y gente desde “el monte” (la selva) a 700/800 msnm, hasta el “cerro” a 2.000 msnm (Bosque Montano y Pastizales de Neblina). A los pies de esta finca se encuentra la ciudad de Orán, “la última creada por los españoles en América”, como reza el cartel en su entrada. También se encuentra el Ingenio San Martín del Tabacal, cuyos cultivos se riegan con las aguas provenientes de las Yungas que cubren las cuencas del San Andrés e Iruya, y de donde salieron por espacio de más de cien años sus zafreros. Las sendas de trashumancia que hoy en día se mantienen activas, algunas de ellas transformadas en caminos vehiculares, han servido para la vinculación intensa con la Quebrada de Humahuaca a través del “Abra del Zenta” hace miles de años, y más recientemente para la trashumancia ganadera y el comercio de productos locales con la Quebrada. Como se explicó, las sendas de la Finca San Andrés fueron utilizadas también por el imperio incaico, por los españoles después y finalmente para el intercambio de tropas durante el período de la independencia nacional. La profundidad de las sendas grabadas en las piedras hablan por sí solas de este prolífico intercambio y uso. El hecho que los territorios del NOA hayan sido explotados como encomiendas habitadas y trabajadas por los pueblos originarios hasta épocas tan tardías, de alguna forma impidió el desmembramiento y la expoliación que sufrieron otras regiones. Por su parte, las zonas inaccesibles a pesar de los intentos expedicionarios, por sus condiciones naturales o por la belicosidad de los indígenas locales, tambien se beneficiaron al  ser intervenidas sólo de manera racional para la autosubsistencia de sus ocupantes. Sólo hasta llegado el siglo XX, estas regiones fueron sometidas a la producción capitalista. Ya en el siglo XX, el descubrimiento de petróleo en las tierras ocupadas por los chané desencadenó nuevos desalojos y conflictos que continúan actualmente en los estrados judiciales. En la reserva y su área de influencia residen unas trescientas dieciséis comunidades de pueblos originarios (aymara, quechua, wichí, toba, chané, ocloya) que conservan sus costumbres (cosmovisión, modo de vida, festividades, costumbres, tradiciones y artesanías) y se ha mantenido en la zona operando de alguna forma, como guardián de la biodiversidad en su territorio.

Afortunadamente, fue creado mediante Ley Nacional Nº 20.656 en el año 1974, el Parque Nacional Baritú, protegiendo la zona, lo cual no fue óbice para que se explotara en las yungas petróleo, o se construyeran monumentales gasoductos dentro del área protegida que cubre 72.439 ha. en décadas posteriores.


Los conflictos por la construcción de gasoductos en las yungas salteñas.

 Entre 1998 y 1999 se construyeron las obras del Gasoducto Nor Andino, destinado a llevar gas a Chile. Fue un proyecto de inversión controvertido, de cuya conflictividad nació el interés creciente por las Yungas y la posterior creación de la Reserva de Biosfera Yungas. Un conflicto que fue una enorme oportunidad para la puesta en valor de las Yungas en general y de esta región en particular. Son 70 kilómetros del gasoducto a través de la yunga salteña

NorAndino es uno de los dos gasoductos que se construyeron en el norte chileno para abastecer de gas natural desde Argentina a centrales eléctricas que abastecen de energía a las empresas mineras ubicadas en la región de Atacama. En el NorAndino, de 1060 kilómetros de longitud, estuuvieron asociados Tractebel y la norteamericana Southern Energy. El otro proyecto de gasoducto es de GasAtacama, donde participó Endesa Chile y CMS Energy, y tiene una longitud de 950 kilómetros.  En épocas de anuncios, mientras Remacle hacía declaraciones, en la calle, voluntarios de Greenpeace argentinos y chilenos, con máscaras de yaguareté, desplegaron carteles con consignas críticas al proyecto de NorAndino, y expresaron además que la reunión de prensa convocada por Tractebel y Edelnor era el comienzo de una ofensiva tendiente a confundir a la opinión pública y crear la imagen de que la organización ambientalista se opone a la llegada de gas argentino a Chile. Pero finalmente, en 1998, el Ente Nacional Regulador del Gas (Enargás) autorizó la construcción de los gasoductos Gas Atacama y Norandino, que unen la provincia de Salta y Chile.

Gas Atacama es un gasoducto de 20 pulgadas de diámetro y 520 kilómetros de longitud desde la localidad de Coronel Cornejo, y demandó una inversión de 230 millones de dólares. Abastece las regiones I y II de Chile (Antofagasta) con hasta 8,5 millones de metros cúbicos diarios. Este gasoducto, con un presupuesto de US$ 200 millones, tiene una longitud de 380 km, un diámetro de 20 pulgadas y una capacidad nominal aproximada de 8 millones de metros cúbicos diarios.

Las organizaciones Kolla Tinkunaku y Greenpeace se opusieron a que el ducto pasara por la zona de Las Yungas. A raíz de ello, el Enargás contrató a la consultora internacional Cooprogetti-CH2MHill International Ltd. para que expidió sobre la evaluación del estudio sobre impacto ambiental presentado por el consorcio inversor.

"La conclusión fue que la traza fue factible desde el punto de vista técnico-ambiental, una vez aplicadas adecuadas medidas correctivas y preventivas", puede leerse en un comunicado del ente.

En particular, las yungas jujeña y salteña, fueron zonas que se preservaron naturalmente, aunque últimamente tanto la yunga jujeño-salteña como la tucumana, se vieron afectadas por la tala pedemontana. De hecho, en Los Toldos desde hace unos años, hay un par de rutas posibles, que evitarían los trastornos -y limitaciones a nuestra soberanía-de obligar al viajero a salir de Argentina e ingresar a Bolivia, para retornar luego a su país-, terminando de paso con el aislamiento de la comunidad. A esta ruta comunicante, le faltan sólo unos 10 km, pero se frenó hace cinco años porque los pobladores de Arazay, Lipeo y Baritú se oponen: dicen que evitar el camino es la única manera de proteger el tráfico ilegal de madera. La otra es la que los conecta "de este lado del río" con Aguas Blancas. Los Toldos tiene una relación histórica, económica y hasta sanitaria con Orán, por lo que los toldeños se inclinan más por esta vía que por Santa Victoria. En 2007, en la población de Los Toldos, vecinos activos han creado la ONG    "Uniendo esfuerzos", con la finalidad de impedir cualquier avasallamiento lesivo a la comunidad.


En 2012, la empresa Argencampo S.A mantenía una deuda con el Banco Central y los terrenos de Los Toldos fueron incorrectamente embargados por el BCRA ,ya que las parcelas corresponden a los habitantes del lugar. La empresa avanzó los límites de sus posiciones al norte por ser Rio Arazay hasta el Rio Condado abarcando la jurisdicción de 70.000 has que no le pertenecen, motivando un complejo proceso judicial, que llegó a la Corte Suprema de la Nación. La población se organizó en una "patriada" (cabildos abiertos, manifestaciones, marchas) en la localidad de Los Toldos,  producidos por los pobladores "autoconvocados" en contra de la expropiación de sus tierras, a pesar de haber sido perseguidos policialmente por el intendente de la comunidad. Esta movilización, recordada como la "revolución de abril" tuvo como consecuencia el dejar sin efecto la Ley de expropiación de tierras de Los Toldos anteriormente aprobada por la cámara de diputados de la provincia de Salta, de manera unánime, presentada por Santiago Godoy.

A finales del año 2000, los gobiernos de Jujuy y Salta, en cooperación con la Administración de Parques Nacionales , el Instituto de Geografía de la Universidad de Buenos Aires, y las Universidades de Jujuy y Salta y en conjunto con las Organizaciones no Gubernamentales, fundación Yaguareté, Greenpeace y Fundación Pro-yungas se fue dando forma al diseño e implementación de la Reserva de Biosfera que fue incorporada a la Red Mundial de Resrvas de la Biosfera en el marco del programa "El Hombre y la Biosfera" de la Unesco. Las Yungas jujeña y salteña , en el noroeste de Argentina, tienen una superficie total de 1.600.000 has. De ese total, el 45% (700.000 has) son bosques, el 32% ( 500.000 has) son pastizales y el 11% (170.000 has) son áreas protegidas y apenas un 0,13%  (2.000 has) son tierras agrícolas. A su vez, el 16% del total (254.000 has) están bajo el cuidado de comunidades indígenas y el resto son propiedades privadas y fiscales. En el 11% de tierras protegidas se diseñaron dos parques nacionales: el Parque Nacional Baritú y el Parque Nacional Calilegua, dos parques provinciales: el Parque Provincial Laguna Pintascayo, el Parque Provincial Potrero de Yala y la Reserva Nacional El Nogalar



Parque Nacional Los Alerces Emblema del parque nacional Los Alerces, que representa al pudú (Pudu puda)el ciervo más pequeño del mundo, en p...