HISTORIA DE LAS YUNGAS SALTEÑAS Y EL PARQUE NACIONAL BARITÚ.

Época precolombina y post-conquista, hasta el siglo XVII.´

 La actual zona de los Toldos, fue en épocas precolombinas territorios de los bravos y belicosos chiriguanos o chavancos - nombres despectivos de origen quechua -  y de los pueblos mataguayos o matacos, ambas etnias guaraníes que se expandieron desde el siglo XV al sur del Amazonas, hacia Bolivia, Paraguay y Argentina, buscando la "tierra sin mal". También habitaban estas regiones los tobas, o qom y los chané. Ellos prefirieron llamarse ava=gente en lengua tupí-guaraní. Dejaron gran cantidad de topónimos tales como Coyambuyo, Emborozú, Baritú y Pilcomayo.

Es decir que en esta zona del NOA donde se encuentra el Parque Baritú, se produjeron intercambios y enfrentamientos y fue clave en las relaciones entre las tierras altas y las selvas, operando como lugar de paso y como frontera cultural .

Cuando llegaron los españoles la zona comenzó a tomar interés como vía hacia el Alto Perú. Las reiteradas fundaciones de Jujuy (1561-1575-1593) buscaban controlar ese camino, situación que se consolidó cuando apresaron al cacique Viltipoco, quien controlaba la región. En el siglo XVII existía también un paso utilizado por los conquistadores para ir de San Salvador de Jujuy a la zona de Ledesma a través de Tilcara, atravesando Valle Grande. En los alrededores de Valle Grande, en una zona de chacras adyacente al pueblo, se encuentra un yacimiento arqueológico (Finca Tolaba) con restos de paredes de piedra que forman un escalonado dispuesto en forma perpendicular a la pendiente. Estos restos corresponden a patrones estilísticos originarios de la Quebrada de Humahuaca (1000-1480 d. C).

Los chiriguanos, y los guaraníes en general, vivían en comunidades sedentarias, habitando chozas que formaban tolderías. A la conquista, los religiosos de las misiones construyeron grandes galpones de forma circular con techos cónicos y altos que habitaban cien individuos con lazos de parentesco patrilineal, siguiendo la costumbre chiriguana de viviendas comunitarias. Desde fines del siglo XVII, las viviendas, ahora de planta rectangular, se redujeron y las habitaron varios matrimonios y allegados solteros. Eran buenos agricultores, los dos sexos trabajaban el campo, los hombres talaban árboles y  limpiaban la maleza quemando el terreno, siguiendo la técnica de la milpa amazónica. Luego, las mujeres sembraban, cosechaban y almacenaban lo obtenido en graneros sobre pilotes. También eran cazadores y pescadores, lo cual no era obstáculo para que comieran carne humana. Así como practicaban la antropofagia en el Caribe, de donde eran originarios, los guaraníes entre los siglos XV y XVI, al vencer a los chanés, de lengua arawac, devastaron su número mediante el canibalismo. A pesar de ésto, terminaron aculturándose con ellos, y los chané adoptaron el guaraní, olvidando su lengua original  y conformando el grupo chiriguano chané.

 Otros grupos indígenas, como los quom o tobas, nombre peyorativo que le aplicaban los guaraníes y que significa "frentones", ya que pelaban totalmente a las mujeres y los hombres, conservaban una delgada línea de pelo que ensanchaba su frente exageradamente. Los tobas, ecorrían la zona selvática en su condición de nómades. Eran cazadores, pescadores y recolectores, organizados en familias extensas  bajo el mando de un cacique. Fueron muy influenciados por los mocovíes, otro grupo indígena nómade, con fuertes cacicazgos hereditarios, lengua de familia guaycurú y sumamente belicosos que originalmente, habitaban las orillas del río Bermejo. A su vez, la familia lingüistica mataguaya, o lengua mataco-maká, comprendía varias etnias, entre ellas, los wichi. Mataco, era un nombre despectivo que utilizaban los españoles para identificarlos, que significa "animal de poca monta". Estas etnias y algunas más, en colaboración o en conflicto, formaban la población indígena de las yungas, lo cual es necesario conocer para comprender la complejidad cultural de la zona, antes que ésta fuera dominada por el hombre blanco, que redujo al indígena en encomiendas, lo explotó en trabajos agrícolas o en los ingenios de la zona. A partir de la dominación incaica del noroeste (1480-1530) se modificaron las antiguas relaciones entre las tierras altas y bajas. Aún se conserva una parte importante de un tramo de camino incaico que une la localidad de Santa Ana con Valle Colorado. Es posible recorrerlo a pie, pasando de los pastizales altoandinos hasta el interior de bosquecitos de aliso en las primeras estribaciones de las Yungas.


Ya en el siglo XVIII y hasta la actualidad

 Uno de los pocos títulos nobiliarios otorgados por el rey de España en tierras de lo que hoy es la República Argentina, de la Gobernación de Chile y del Alto Perú (hoy Bolivia), fue al Marquesado del Valle del Toxo (Tojo) o Marquesado de Yavi, por la población donde el marqués tenía una de sus principales casas. Esta enorme región comprendía Tarija, Tupiza, Yavi, Orán, Cochinoca, Casabindo, Chuquisaca, Iruya, Santa Victoria Oeste hasta San Antonio de los Cobres, toda la Puna de Atacama, tanto del lado argentino como del lado boliviano y del lado chileno,  Antofagasta y todas las yungas jujeña y salteña. . Pero el eje administrativo de la inmensa extensión, estaba en el actual departamento de Tarija, en Bolivia. El marquesado, recorría a todo lo largo,  la vera del Camino Real o Camino de Potosí (hoy ruta nacional ° 9)  que comunicaba el Alto Perú con el Río de la Plata. El título estaba vinculado a un mayorazgo, como era usual en la España de la conquista y organizado en diversas encomiendas y le fue otorgado a don Juan José Fernández Campero y Herrera, Primer Marqués del Toxo, en 1708. Campero recibió semejante merced, en virtud de haberse casado con Juana Clemencia de Ovando,  la única hija aún infante  de don Bernardo Gutiérrez de Ovando, poseedor original de dicos territorios desde el siglo XVI.

 Fernández Campero, hidalgo cántabro llegado en el séquito del Virrey del Perú Pedro Antonio Fernández de Castro, X Conde de Lemos, nacido en 1645,  contrajo enlace con Juana Clemencia el 5 de agosto de 1678, y como Juana Clemencia Ovando contaba con doce años de edad, ese mismo día levantó su protesta ante escribano  declarando que su matrimonio era forzado por la madre y el abuelo materno de la niña, aunque luego rectificó estas declaraciones aduciendo que habían sido impuestas por su padrastro, don Pedro de Santisteban. Años más tarde, la heredera universal de los bienes de los Ovando murió en puerperio el 30 de diciembre de 1690, dejando como único heredero a su esposo Juan José Fernández Campero. Como era uno de los terratenientes y encomenderos más importantes de la Audiencia de Charcas, le fue otorgado-por compra- el tíulo de Marqués del Toxo (Tojo) en 1708. Ya en 1813, la Asamblea constituída en el Río de la Plata determinó el fin de los privilegios nobiliarios y feudales en su territorio. Los descendientes de Campero, perdieron el título pero no las propiedades, ya que durante este periodo de las Guerras de la Independencia, el cuarto marqués Juan José Feliciano Fernández Campero, se sumó a las tropas revolucionarias de su pariente Martín Miguel de Güemes en la llamada Guerra Gaucha, siendo derrotado y capturado por el ejército realista en la Batalla de Yavi el 15 de noviembre de 1816. Sus descendientes fueron perdiendo por partes las propiedades de su antepasado, de hecho, Cochinoca, Casabindo y otros territorios de la actual provincia de Jujuy, fueron reclamados en 1871 como parte del territorio argentino por el  gobernador Teófilo Sánchez de Bustamante al general boliviano Fernando María Campero Barragán (1808-1883), quien ejercía el control de toda la región cobrando sus derechos de encomienda hasta pasada la primera mitad del siglo XIX. La disputa judicial fue resuelta por la Suprema Corte de Justicia argentina en 1877, declarando caducas e incompatibles con el régimen jurídico y constitucional argentino, las antiguas mercedes reales otorgadas en encomienda.

La Finca San Andrés y su vecina Finca Santiago son emblemas de la lucha de las comunidades aborígenes regionales por la lucha y obtención de la tierra, en este caso de la etnia Kolla. Dos enormes fincas (130.000 hectáreas cada una) enclavadas en el corazón de la Reserva de Biosfera Yungas, donde el hombre continúa con sus prácticas ganaderas tradicionales. Ello es la trashumancia de ganado y gente desde “el monte” (la selva) a 700/800 msnm, hasta el “cerro” a 2.000 msnm (Bosque Montano y Pastizales de Neblina). A los pies de esta finca se encuentra la ciudad de Orán, “la última creada por los españoles en América”, como reza el cartel en su entrada. También se encuentra el Ingenio San Martín del Tabacal, cuyos cultivos se riegan con las aguas provenientes de las Yungas que cubren las cuencas del San Andrés e Iruya, y de donde salieron por espacio de más de cien años sus zafreros. Las sendas de trashumancia que hoy en día se mantienen activas, algunas de ellas transformadas en caminos vehiculares, han servido para la vinculación intensa con la Quebrada de Humahuaca a través del “Abra del Zenta” hace miles de años, y más recientemente para la trashumancia ganadera y el comercio de productos locales con la Quebrada. Como se explicó, las sendas de la Finca San Andrés fueron utilizadas también por el imperio incaico, por los españoles después y finalmente para el intercambio de tropas durante el período de la independencia nacional. La profundidad de las sendas grabadas en las piedras hablan por sí solas de este prolífico intercambio y uso. El hecho que los territorios del NOA hayan sido explotados como encomiendas habitadas y trabajadas por los pueblos originarios hasta épocas tan tardías, de alguna forma impidió el desmembramiento y la expoliación que sufrieron otras regiones. Por su parte, las zonas inaccesibles a pesar de los intentos expedicionarios, por sus condiciones naturales o por la belicosidad de los indígenas locales, tambien se beneficiaron al  ser intervenidas sólo de manera racional para la autosubsistencia de sus ocupantes. Sólo hasta llegado el siglo XX, estas regiones fueron sometidas a la producción capitalista. Ya en el siglo XX, el descubrimiento de petróleo en las tierras ocupadas por los chané desencadenó nuevos desalojos y conflictos que continúan actualmente en los estrados judiciales. En la reserva y su área de influencia residen unas trescientas dieciséis comunidades de pueblos originarios (aymara, quechua, wichí, toba, chané, ocloya) que conservan sus costumbres (cosmovisión, modo de vida, festividades, costumbres, tradiciones y artesanías) y se ha mantenido en la zona operando de alguna forma, como guardián de la biodiversidad en su territorio.

Afortunadamente, fue creado mediante Ley Nacional Nº 20.656 en el año 1974, el Parque Nacional Baritú, protegiendo la zona, lo cual no fue óbice para que se explotara en las yungas petróleo, o se construyeran monumentales gasoductos dentro del área protegida que cubre 72.439 ha. en décadas posteriores.


Los conflictos por la construcción de gasoductos en las yungas salteñas.

 Entre 1998 y 1999 se construyeron las obras del Gasoducto Nor Andino, destinado a llevar gas a Chile. Fue un proyecto de inversión controvertido, de cuya conflictividad nació el interés creciente por las Yungas y la posterior creación de la Reserva de Biosfera Yungas. Un conflicto que fue una enorme oportunidad para la puesta en valor de las Yungas en general y de esta región en particular. Son 70 kilómetros del gasoducto a través de la yunga salteña

NorAndino es uno de los dos gasoductos que se construyeron en el norte chileno para abastecer de gas natural desde Argentina a centrales eléctricas que abastecen de energía a las empresas mineras ubicadas en la región de Atacama. En el NorAndino, de 1060 kilómetros de longitud, estuuvieron asociados Tractebel y la norteamericana Southern Energy. El otro proyecto de gasoducto es de GasAtacama, donde participó Endesa Chile y CMS Energy, y tiene una longitud de 950 kilómetros.  En épocas de anuncios, mientras Remacle hacía declaraciones, en la calle, voluntarios de Greenpeace argentinos y chilenos, con máscaras de yaguareté, desplegaron carteles con consignas críticas al proyecto de NorAndino, y expresaron además que la reunión de prensa convocada por Tractebel y Edelnor era el comienzo de una ofensiva tendiente a confundir a la opinión pública y crear la imagen de que la organización ambientalista se opone a la llegada de gas argentino a Chile. Pero finalmente, en 1998, el Ente Nacional Regulador del Gas (Enargás) autorizó la construcción de los gasoductos Gas Atacama y Norandino, que unen la provincia de Salta y Chile.

Gas Atacama es un gasoducto de 20 pulgadas de diámetro y 520 kilómetros de longitud desde la localidad de Coronel Cornejo, y demandó una inversión de 230 millones de dólares. Abastece las regiones I y II de Chile (Antofagasta) con hasta 8,5 millones de metros cúbicos diarios. Este gasoducto, con un presupuesto de US$ 200 millones, tiene una longitud de 380 km, un diámetro de 20 pulgadas y una capacidad nominal aproximada de 8 millones de metros cúbicos diarios.

Las organizaciones Kolla Tinkunaku y Greenpeace se opusieron a que el ducto pasara por la zona de Las Yungas. A raíz de ello, el Enargás contrató a la consultora internacional Cooprogetti-CH2MHill International Ltd. para que expidió sobre la evaluación del estudio sobre impacto ambiental presentado por el consorcio inversor.

"La conclusión fue que la traza fue factible desde el punto de vista técnico-ambiental, una vez aplicadas adecuadas medidas correctivas y preventivas", puede leerse en un comunicado del ente.

En particular, las yungas jujeña y salteña, fueron zonas que se preservaron naturalmente, aunque últimamente tanto la yunga jujeño-salteña como la tucumana, se vieron afectadas por la tala pedemontana. De hecho, en Los Toldos desde hace unos años, hay un par de rutas posibles, que evitarían los trastornos -y limitaciones a nuestra soberanía-de obligar al viajero a salir de Argentina e ingresar a Bolivia, para retornar luego a su país-, terminando de paso con el aislamiento de la comunidad. A esta ruta comunicante, le faltan sólo unos 10 km, pero se frenó hace cinco años porque los pobladores de Arazay, Lipeo y Baritú se oponen: dicen que evitar el camino es la única manera de proteger el tráfico ilegal de madera. La otra es la que los conecta "de este lado del río" con Aguas Blancas. Los Toldos tiene una relación histórica, económica y hasta sanitaria con Orán, por lo que los toldeños se inclinan más por esta vía que por Santa Victoria. En 2007, en la población de Los Toldos, vecinos activos han creado la ONG    "Uniendo esfuerzos", con la finalidad de impedir cualquier avasallamiento lesivo a la comunidad.


En 2012, la empresa Argencampo S.A mantenía una deuda con el Banco Central y los terrenos de Los Toldos fueron incorrectamente embargados por el BCRA ,ya que las parcelas corresponden a los habitantes del lugar. La empresa avanzó los límites de sus posiciones al norte por ser Rio Arazay hasta el Rio Condado abarcando la jurisdicción de 70.000 has que no le pertenecen, motivando un complejo proceso judicial, que llegó a la Corte Suprema de la Nación. La población se organizó en una "patriada" (cabildos abiertos, manifestaciones, marchas) en la localidad de Los Toldos,  producidos por los pobladores "autoconvocados" en contra de la expropiación de sus tierras, a pesar de haber sido perseguidos policialmente por el intendente de la comunidad. Esta movilización, recordada como la "revolución de abril" tuvo como consecuencia el dejar sin efecto la Ley de expropiación de tierras de Los Toldos anteriormente aprobada por la cámara de diputados de la provincia de Salta, de manera unánime, presentada por Santiago Godoy.

A finales del año 2000, los gobiernos de Jujuy y Salta, en cooperación con la Administración de Parques Nacionales , el Instituto de Geografía de la Universidad de Buenos Aires, y las Universidades de Jujuy y Salta y en conjunto con las Organizaciones no Gubernamentales, fundación Yaguareté, Greenpeace y Fundación Pro-yungas se fue dando forma al diseño e implementación de la Reserva de Biosfera que fue incorporada a la Red Mundial de Resrvas de la Biosfera en el marco del programa "El Hombre y la Biosfera" de la Unesco. Las Yungas jujeña y salteña , en el noroeste de Argentina, tienen una superficie total de 1.600.000 has. De ese total, el 45% (700.000 has) son bosques, el 32% ( 500.000 has) son pastizales y el 11% (170.000 has) son áreas protegidas y apenas un 0,13%  (2.000 has) son tierras agrícolas. A su vez, el 16% del total (254.000 has) están bajo el cuidado de comunidades indígenas y el resto son propiedades privadas y fiscales. En el 11% de tierras protegidas se diseñaron dos parques nacionales: el Parque Nacional Baritú y el Parque Nacional Calilegua, dos parques provinciales: el Parque Provincial Laguna Pintascayo, el Parque Provincial Potrero de Yala y la Reserva Nacional El Nogalar



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